1.- Sexo por amor
No todo acto sexual es una
expresión de amor. Se
requiere de hacer un proceso en el conocimiento, comunicación,
comprensión y compromiso mutuo, el cual comienza en
el pololeo. A esto llamo “El proceso de las cuatro
C”.
Para llegar a amar se requiere
del Conocimiento de uno mismo y del otro. Se necesita de
saber quién soy, para dónde
voy, cuáles son, más o menos, mis defectos
y cualidades, gustos, valores y creencias y así lograr
un justo amor de si mismo. A su vez, el individuo tiene que
ser capaz de ir conociendo al otro: sus gustos, habilidades,
defectos, costumbres, creencias, sentimientos, ideales, historias
personales. Sólo en el verdadero conocimiento de si
mismo y del otro podemos ir construyendo un verdadero amor.
Para conocerse se necesita
ir dando pasos en una Comunicación
más profunda, en donde lo que se va comunicando no
es lo que se vive, sino cómo se lo vive uno, lo que
nos pasa interiormente, de manera de ir, mostrando con las
menos máscaras posibles, las rabias, envidias, alegrías,
sueños, agrados y desagrados. Ser honestos y transparentes
consigo mismo y el otro es lo que va ayudando a perder el
miedo a ser uno mismo y dejar que el otro sea lo que es,
lográndose así una mayor intimidad.
Cuando nos mostramos tal
cual somos nos podemos ir Comprendiendo mutuamente. Del
conocimiento nace la benevolencia y la aceptación,
porque se comprende que el otro o la otra actúa de
tal o cual manera no porque nos quiere herir o dañar,
o porque no nos ama, sino porque se entiende que muchas de
sus conductas y actitudes tienen que ver con una historia
de vida, con carencias, con anhelos no resueltos, con temores
a veces incomprensibles para el que los sufre. Es gracias
a esto que se va logrando la complicidad y la confianza y
de este modo, se está en condiciones de tomar una
decisión verdadera y que pueda perdurar en el tiempo.
El Compromiso es una actitud
interior del ser humano de tener la disposición y decisión de jugárselas
por esa otra persona, pase lo que pase y de ser explicitado
abiertamente ante si mismo el otro y la sociedad por medio
de los ritos respectivos. Sólo quien se compromete
libremente de esta forma, buscará constantemente la
mejor manera de ir solucionando los conflictos, de entretenerse
juntos y de crecer como personas. Es decir, de amar y ser
amado.
Cuando se ha ido haciendo este proceso y se ha llegado al
compromiso, es que el acto sexual se transforma en un acto
plenamente humano y la persona corre menos riesgo de sufrir
decepciones, frustraciones, con miedo a volver amar, a entregarse
y quedar herida en su autoestima.
Creemos que el más expuesto a sufrir estas heridas
es el adolescente, cuando entra en relaciones sexuales, ya
que ellos se entregan más por un estado de enamoramiento,
el cual es frágil y poco realista. El enamoramiento
ve lo que quiere ver del otro y tiene una halo de fascinación
que hace sentir que esto es el amor y que no pasará;
que no requiere de ningún esfuerzo para ser feliz
y que los encuentros sexuales generarán una mayor
intimidad y unión. Es más bien una sensación
de intimidad, pues ésta se construye en el tiempo.
La verdadera intimidad, donde el acto sexual es un complemento
de ella, se logra cuando la persona es capaz de ir mostrando
su interioridad -sentimientos, pensamientos, historias personales-.
Es más fácil desnudar el cuerpo que desnudar
el alma, pero sólo cuando se desnuda el alma primero
es cuando la desnudez física tiene sentido y puede
perdurar en el tiempo. Es como decir “no prometas con
tu cuerpo lo que no puedes prometer con tu afecto, inteligencia
y espíritu”. Es tener claro que “no existen
condones para el alma”, un alma que está aun
frágil y sin saber bien por dónde se va ir
manifestando.
En
el proceso de las "cuatro C" está la clave
de una sexualidad libre, responsable y que hará más
feliz a las personas porque los capacitará para satisfacer
la necesidad más intrínseca de todo ser humano
que es amar y ser amados. |