7.-Fortalecer la identidad
sexual de los hijos
Muchos padres se preguntan
si se puede o no ayudar a un hijo o hija que es “distinto”. El niño
que es muy sensible, a veces de movimientos más delicados,
que no le gustan los juegos bruscos y que prefiere jugar
con la naturaleza o conversar y buscar amigas mujeres, es
decir, aquel niño ha quien le gustan cosas que han
sido catalogadas como mas propias de lo femenino. O bien
la niña que se caracteriza por ser brusca en sus comportamientos
y le gustan juegos mas arriesgados y bruscos, suele buscar
como amigos a los hombres y le aburren los juegos y la vestimenta
femenina.
Lo primero que debemos aclarar es que los padres tienen mucho
que hacer y pueden ayudar ya que la identidad sexual sana
se va formando desde que nacemos hasta la vida adulta.
Alrededor de los 3
y 5 años se produce la primera
identificación, donde el niño debe “aprender
a ser” de su propio sexo y “a prender a confiar” en
el sexo complementario.
Se “aprende a ser” identificándose con
el modelo del mismo sexo y representado el modelo, es decir,
actuando como tal. Cuando en niño adquiere la constancia
de género y se reconoce como hombre o mujer, esto
lo lleva a adquirir el sentido de la complementariedad y
a evitar los comportamientos propios del otro sexo. De esta
manera el niño se descubre hombre o mujer y aprende
a comportarse según su sexo, además de reconocer
y aprender a confiar en el sexo complementario, requisito
indispensable para una futura atracción heterosexual.
Para
que un niño pueda lograr lo anterior se necesita:
Modelo
del mismo sexo presente y cercano afectivamente.
Modelo
del sexo complementario en el que se pueda confiar, que no
sea abusador, hostil o emocionalmente muy inestable.
Padres
que acepten la forma de ser del niño a pesar
de no cumplir sus expectativas.
Madre
acompañadora y contenedora, pero no sobre protectora.
Padres
que respeten las diferencias de los sexos y que no descalifiquen
los modos de ser masculinos o femeninos.
Padres
estructurados afectivamente, es decir ser capaces de mantener
relaciones estables de pareja y que no manipulen o condicionen
el afecto; ejemplo “si tu te portas bien,
te voy a querer”, que salen y entran de la vida de
sus hijos generando una constante incertidumbre.
Padres
que no proyecten sus propios miedos y fantasías
respecto de aquel hijo que no cumple con los patrones de
masculinidad o feminidad socialmente estereotipados. Que
a un niño que no le gusten los juegos bruscos, o que
sea más sensible y le guste bailar no significa una
tendencia homosexual, sino más bien una forma diferente
o propia de ser hombre. Igualmente, el caso de la niñita
que es más brusca y no le gusta jugar a las muñecas
no implica una tendencia lésbica sino una forma distinta
de ser mujer.
Los padres deben estar atentos a como es acogido este niño
por su entorno familiar ampliado y por sus pares en el colegio,
evitando siempre el etiquetamiento de “mariquita” o “machorra”.
Si es necesario, los padres deberán acudir al colegio
y ayudar al niño a validar su forma particular de
ser hombre o mujer, sin hacerlo sentir distinto. Para esto,
es necesario que eduquemos siempre a los niños en
el respeto a lo diverso y no admitir jamás descalificaciones
personales.
También ayuda educar al niño en el vencimiento
del egocentrismo narcisista propio de su naturaleza, ayudándolo
a que amplié su percepción de las cosas y que
no siempre lea o crea que todo lo que pasa a su alrededor
es referido a él o es una agresión personal.
Este rasgo se manifiesta, además, en la tendencia
a agrandar y a dramatizar las situaciones, por lo que ayudaría
enseñarle a situarlas en la justa dimensión.
Lo que más daña a un niño “diferente” es
la burla, la descalificación, el retiro del afecto
y de la aprobación por parte de los padres, especialmente
el del mismo sexo, por su forma de ser. Pero también
los hermanos y pares son seres muy significativos para lograr
esta identificación y evitar que se le produzca al
niño un sentimiento de inferioridad, por sentirse
inadecuado y por ir constatando que su sexo asignado (con él
que se nace) no coincide con el sexo atribuido, que es él
que los demás, inconscientemente, le dicen que es.
La correcta realización de este proceso es la base
fundamental de la segunda identificación, que se produce
en la pubertad.
Un niño que es y
se siente querido y aceptado por sus padres tal como es,
es la mejor manera de fortalecer su identidad sexual.
En
el próximo artículo
trataremos como reforzar la identidad sexual en la adolescencia.
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