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Home > Hablemos de Sexualidad > LA SEXUALIDAD : Dimensión fundamental de la personalidad humana

 

8.-LA SEXUALIDAD: Dimensión fundamental de la personalidad humana

I. ¿Qué es?

Cada ser humano es una unidad personal sexuada de espíritu y cuerpo; y cada ser humano, en su existencia concreta, es hombre o mujer. La sexualidad del ser humano se expresa en todas las dimensiones de su personalidad: cuerpo, psique y espíritu. Es principio fundamental de identidad. La fusión de un óvulo femenino y un espermatozoide masculino da origen a un ser humano sexuado. Este ser crece naturalmente, ya desde el inicio, como un hombre o como una mujer. Para entender mejor quién es el ser humano y cómo alcanza su realización, es necesario entender en qué consiste su sexualidad y cuál es el fin de la misma.

La sexualidad animal muestra que los elementos masculinos y femeninos permiten la reproducción y la supervivencia de la especie. El sexo biológico diferencia a unos individuos de otros dentro de la misma especie, en su cuerpo y en su actuar, para la continuidad de la especie. Es la sexualidad la que define ciertos comportamientos propios del macho o de la hembra y que tienen que ver, por ejemplo, con la alimentación, protección de las crías, etc.

La sexualidad humana comparte con la sexualidad de los mamíferos algunos rasgos importantes: el desarrollo del sexo cromosómico, gonádico, morfológico y fenotípico que tiene como fin natural la reproducción y propone a la especie tareas diferenciadas para facilitar la supervivencia humana que provienen de sus cualidades naturales. Por ejemplo, la mujer puede alimentar a la cría de modo natural aunque esto no quiere decir que esté obligada a ello. Es una realidad que la biología le ofrece esta posibilidad sólo a ella, a partir de la diferenciación sexual.

Para descubrir que la sexualidad es una dimensión fundamental del ser humano, hay que considerar los siguientes niveles de la sexualidad humana: cromosómica, gonádica, morfológica, socio-cultural o educacional, fenotípica y psíquica.

El sexo cromosómico configura genéticamente al ser humano como varón o como hembra. Todo ser humano pertenece al sexo masculino o femenino desde el primer momento de su vida en que está constituido por una célula derivada de la fusión del espermatozoide con el óvulo. Si un ser humano tiene 44 cromosomas más dos cromosomas sexuales X, es de sexo femenino; si posee 44 cromosomas más un cromosoma X y otro Y, es de sexo masculino. Los 46 cromosomas están ajustados de dos en dos formando 23 parejas.

En este ser que crece en el útero, el primer rasgo anatómico de su sexualidad que se desarrolla es el sexo gonádico. La gónada es la glándula genital que elabora las células reproductoras (óvulos o espermatozoides). En torno a la sexta semana de vida intrauterina, el embrión posee una gónada todavía indiferenciada que es capaz de transformarse en testículo u ovario. Si en su patrimonio genético se halla el cromosoma Y, es decir, si es genéticamente varón, la zona central de la gónada se desarrollará diferenciándose en testículo, que empezará muy pronto a producir hormonas masculinas, llamadas andrógenos. Si el ser humano es genéticamente mujer, se desarrollará en cambio la parte externa de la gónada, que se diferenciará en ovario y se poblará de un número enorme de folículos llamados «primordiales» (6 ó 7 millones), cada uno de los cuales contiene una célula huevo.

El sexo morfológico (los órganos genitales internos y externos), en torno a la octava semana de vida intrauterina del embrión está todavía indiferenciado. Si está presente el testículo (sexo gonádico masculino), gracias a los andrógenos producidos por él, los genitales se desarrollarán en sentido masculino; si no está presente el testículo, el desarrollo de los genitales se operará, en cambio, en sentido femenino. El sexo del embrión ya es reconocible desde la decimocuarta semana de vida intrauterina. Los órganos genitales internos masculinos son los conductos seminales, las vesículas seminales, la próstata y la uretra, mientras que se consideran órganos genitales externos el pene y el escroto. En la mujer son órganos genitales internos las trompas, el útero y la vagina, y órganos genitales externos los labios mayores y menores.

El niño, al nacer, es denominado varón o hembra según el aspecto de los genitales externos: desde ese preciso momento será educado por los padres según el sexo que se le ha atribuido (en algunas culturas, por ejemplo los colores escogidos para su primer vestido se harán en función de su sexo). Este aspecto de la sexualidad se llama sexo socio-cultural o sexo de educación porque ayuda a concordar armoniosamente el sexo genético, gonádico, morfológico y de educación o social lo que hará que el niño desarrolle precozmente, dentro del primer año de vida, su identificación consigo mismo como varón o hembra.

La niñez de un ser humano termina con la pubertad cuando se desarrolla su sexo fenotípico. Éste es el conjunto de características que hacen que un individuo quede definido por el aspecto exterior (fisiológico) como varón o hembra. Aparte de la estructura de los genitales externos, que ya en el nacimiento permiten distinguir a un niño de una niña, el resto de los caracteres sexuales (como el desarrollo de la figura femenina o masculina, cambio de tono de voz, etc.) se terminan de desarrollar con la edad. Se llaman caracteres «secundarios» para distinguirlos de los caracteres «primarios» (sexo gonádico y morfológico).

Además de ser varón o hembra desde un punto de vista cromosómico, gonádico, morfológico y fenotípico, el hombre y la mujer lo son también desde un punto de vista psíquico. La mujer se reconoce y se siente como mujer y tiene tendencias sexuales hacia los varones y viceversa. Mientras que la identidad sexual se establece rápidamente desde la primera infancia, las tendencias sexuales se manifiestan de manera clara en la pubertad. El sexo psíquico masculino o femenino está determinado por factores biológicos (el sexo genético, el sexo gonádico, etc.), pero también por otros factores que influyen en él en su desarrollo afectivo ligados al desarrollo del niño.

En la sexualidad humana se observan significativas diferencias en relación a la sexualidad puramente biológica. Es una dimensión fundamental de la identidad enraizada en el espíritu humano. Su cuerpo no es vehículo de su espíritu, sino que es la revelación de su unidad personal de espíritu y cuerpo. Su feminidad o su masculinidad impregnan su percepción del mundo y las relaciones que establece con él, a través de su libertad inteligente y sus decisiones.

El sexo socio-cultural (1) y el sexo psíquico (2) son dimensiones que expresan la realidad humana que va más allá del elemento biológico. La identidad sexual se produce cuando uno descubre la relación adecuada que ha de existir entre la realidad objetiva de su cuerpo sexuado y la vivencia subjetiva de su sexualidad. Si uno es hombre, percibe su identidad como hombre. Si esta identificación no se da, hay una anomalía o desajuste en la personalidad.

El conjunto de factores educativos, familiares, sociales, y circunstancias personales que influyen en el desarrollo de un ser humano sexuado, influye en la configuración de su personalidad y de su individualidad, pero siempre como hombre o como mujer.

Siendo el ser humano un ser social, no sólo se identifica consigo mismo y con su sexo, sino que otros (con los que convive) le identifican por su sexualidad. Cuando uno se encuentra con otro ser humano, la primera constatación que hace, casi sin pensar, es acerca de la sexualidad del otro e intuitivamente adapta su manera de comportarse según sea hombre o mujer.

Como mujer o como hombre, aprende a relacionarse y a amar a los demás. No se puede hacer de la sexualidad humana una actividad externa a la persona. Se expresa en todos sus actos y, por ello, no puede ser objeto de uso. Usar la sexualidad implicaría también usar al ser humano que se identifica con ella. Cualquier práctica que intenta usar al ser humano (como la prostitución, la pornografía, y la violencia sexual) niega el fin del ser humano y tiene consecuencias serias en su psicología, en su cuerpo y, sobre todo, en su espíritu.

II. Argumentos para explicar por qué es así

A. Argumento de la presencia del componente sexual en todos los niveles del ser humano

Esta afirmación se comprueba al observar cómo la sexualidad se halla presente en todos los niveles que configuran la totalidad del ser humano:

1. Sexo genético.

Todo ser humano pertenece al sexo masculino o femenino desde el primer momento de su vida, cuando está todavía constituido por una célula derivada de la fusión del espermatozoide con la célula huevo u ovocito secundario. Si un individuo (vamos a decir "ser humano") tiene 44 cromosomas más dos cromosomas sexuales X, es de sexo femenino; si posee 44 cromosomas más un cromosoma X y otro Y, es de sexo masculino. Los 46 cromosomas están emparejados de dos en dos formando 23 parejas.

2. Sexo gonádico.

En torno a la sexta semana de vida intrauterina (hacia el fin del segundo mes de embarazo), el embrión posee una gónada todavía indiferenciada que es capaz de transformarse en testículo u ovario. Si en su patrimonio genético se halla el cromosoma Y, es decir, el individuo es genéticamente varón, la zona central de la gónada se desarrollará diferenciándose en testículo, que empezará muy pronto a producir hormonas masculinas, llamadas “andrógenos”. Cuando falta el cromosoma Y / o el gen “TDF” que se encuentra al final de este cromosoma, el individuo es genéticamente mujer y desarrollará la parte externa de la gónada, que se diferenciará en ovario y se poblará de un número enorme de folículos llamados «primordiales» (6 ó 7 millones), cada uno de los cuales contiene una célula huevo. La mayor parte de estos folículos sufrirá una involución, con lo que su número se reducirá a 1 ó 2 millones en el nacimiento y a 300.000 ó 400.000 en la pubertad.

3. Sexo morfológico.

Los órganos genitales internos masculinos son los conductos seminales, las vesículas seminales, la próstata y la uretra, mientras que se consideran órganos genitales externos el pene y el escroto. En la mujer son órganos genitales internos las trompas, el útero y la vagina, y órganos genitales externos los labios mayores y menores.

En torno a la octava semana de vida intrauterina los órganos genitales internos y externos del embrión están todavía indiferenciados: si está presente el testículo (sexo gonádico masculino), gracias a los andrógenos producidos por él, los genitales se desarrollarán en sentido masculino; si no está presente el testículo, el desarrollo de los genitales se operará, en cambio, en sentido femenino. Es, pues, la presencia o ausencia de los andrógenos testiculares la que determina la morfología de los genitales externos e internos del que va a nacer. El sexo del embrión ya es reconocible desde la decimocuarta semana de vida intrauterina.

4. Sexo de educación o social.

El niño, al nacer, es denominado varón o hembra según el aspecto de los genitales externos: desde ese preciso momento será educado por los padres según el sexo que se le ha atribuido (baste pensar en los colores escogidos para su primer vestido en función de su sexo). El concordar armonioso del sexo genético, gonádico, morfológico y de educación o social hará que el niño desarrolle precozmente, dentro del primer año de vida, la identidad sexual, esto es, se identifique a sí mismo como varón o hembra.

5. Sexo fenotípico.

Constituye el conjunto de características que hacen que un individuo pueda ser definido por el aspecto exterior, como varón o hembra. Aparte de la estructura de los genitales externos, que ya en el nacimiento nos permiten distinguir a un niño de una niña, el resto de los caracteres sexuales (llamados también «secundarios» para distinguirlos de los caracteres «primarios»), determinados por la diferenciación de las gónadas (sexo gonádico) y de los genitales internos y externos (sexo morfológico), se observan claramente en el momento de la pubertad.

6. Sexo psíquico.

Además de ser varón o hembra desde un punto de vista cromosómico, gonádico, morfológico y fenotípico, el hombre y la mujer lo son también desde un punto de vista psíquico. La mujer se reconoce y se siente como mujer y tiene preferencias sexuales por los varones y viceversa: el hombre tiene identidad sexual masculina y preferencia sexual por las mujeres.

Mientras que la identidad sexual se establece precozmente, desde la primera infancia, las preferencias sexuales se manifiestan más tarde, de manera clara en la pubertad. El sexo psíquico masculino o femenino está determinado por factores biológicos (el sexo genético, el sexo gonádico, etc.), pero también por factores que vienen de su ambiente familiar y social. Por este motivo, los trastornos de identidad sexual tienen una génesis múltiple: además de supuestas alteraciones biológicas, revisten gran importancia otros factores que tienen que ver con el mundo afectivo.

Por lo que concierne a la influencia de los factores biológicos sobre la diferenciación psíquica, se cree que las hormonas sexuales (los andrógenos en el varón y los estrógenos en la mujer) influyen directamente en el desarrollo del cerebro. Esta influencia comenzaría ya en el estadio embrional: se ha constatado que las chicas expuestas en el útero a la acción de hormonas masculinas manifestaban actitudes "varoniles”, preferían juegos y atuendo masculinos, pero sin alteraciones en la expresión de su sexualidad en relación con el sexo complementario, es decir en sus preferencias sexuales (3). El desarrollo del sexo psíquico o desarrollo psicosexual comienza ya durante la infancia, pero asume características propias de la edad adulta sólo en el período de la adolescencia.

Para que se dé la identidad de cada ser humano, como hombre y como mujer, se necesita una integración armoniosa entre todos sus niveles.

La constatación de esta realidad nos permite afirmar que la sexualidad humana no es una característica accidental (es decir accesoria, que se puede dar o no), sino que es fundamental para la definición de lo que es un ser humano, como lo es por ejemplo, su racionalidad. Ser hombre o ser mujer no es sólo un dato biológico, un añadido secundario que colorea la propia existencia, sino un hecho originario y original:

viñeta 1. Originario, ya que la existencia personal no puede dejar de pasar desde su origen, esto es, desde la concepción a través de la experiencia de la masculinidad o de la feminidad.

viñeta 2. Original, en cuanto que el ser hombre o mujer es una experiencia muy diferente a ser macho o hembra para un animal.

El hombre y la mujer no tienen un sexo, son su sexualidad, porque la sexualidad es estructural en lo corpóreo, psíquico y espiritual. No es únicamente una función del cuerpo.

B. Argumento de la ética: todos los actos sexuales tienen una connotación ética buena o mala.

La sexualidad humana es una dimensión fundamental del ser humano, íntimamente ligada a la experiencia ética, que es la forma propia de ser del ser humano que le diferencia de cualquier otro ser del universo, su característica definitoria. Todos los actos sexuales son actos humanos en los que interviene la libertad de decisión y por ello se experimentan espontáneamente como buenos o malos, es decir con una connotación ética.

El comportamiento sexual ha sido siempre calificado desde una normativa ética, cualquiera que sea la cultura que lo estudie. A pesar de los muy variados intentos de liberación sexual la sujeción de la sexualidad humana a una norma ética (en contra de lo afirmado por la permivisidad social) ha sido un hecho incontrovertible en todas las culturas de todos los tiempos donde se ha estudiado el comportamiento humano.

Esta valoración ética de la sexualidad manifiesta su profundo arraigo en la persona misma. Actos indiferentes a quienes somos, como la respiración o el dormir, no tienen en sí una valoración ética. Los actos sexuales la tienen siempre, lo que demuestra que provienen de una dimensión que toca a nuestra identidad no sólo corporal, sino también espiritual y, por eso, su vivencia afecta a lo que somos.

C. Argumento por la experiencia universal de la intimidad humana que custodia la interioridad

La libertad inteligente es la facultad que diferencia al ser humano del mundo animal. El ser humano advierte la existencia de esta capacidad en su interioridad(4) de la cual sólo él es dueño, y a la que nadie puede acceder si él no se lo permite. Su interioridad es como un tesoro, que le posibilita amar y ser amado, es decir darse y recibir la donación de la persona del otro. La interioridad se experimenta como algo íntimo, que se protege.

Al estar íntimamente relacionada la dimensión sexual con el “yo personal” y la capacidad de donarse en cuerpo y espíritu, el ser humano protege, de forma particular, las zonas corpóreas que expresan externamente la misma sexualidad. A este sentimiento de respeto y cuidado, que es algo natural, se le llama pudor. La intimidad corporal sólo se muestra a quien uno abre también su interioridad.

Este sentimiento natural de pudor demuestra que instintivamente el cuerpo humano revela una intimidad. La tendencia espontánea a proteger la intimidad de miradas extrañas también afecta al cuerpo. La sexualidad se experimenta como algo ligado a la interioridad, como algo, por lo tanto, muy valioso. El ser humano se viste para proteger su indigencia corporal del medio exterior pero también lo hace porque su cuerpo forma parte de su intimidad, y no está disponible para cualquiera. El vestido sirve, además, para mantener el cuerpo dentro de la intimidad.

En todas las culturas existen diferentes formas de cuidar el pudor, aun en las tribus más lejanas a la civilización occidental, en las que se muestran hombre y mujer, casi desnudos. El pudor se manifiesta por el cuidado de miradas, posturas y lugares particulares designados para expresiones de la intimidad de la persona.

Por ejemplo, los indios yanomami del Amazonas, apenas se cubren con un poco de tela los órganos genitales, pero muestran su pudor a través de otras costumbres, como la de que el hombre nunca puede dirigirse a una mujer mirándola a los ojos, excepto a su esposa.

El nudismo completo no es algo natural, porque supone la renuncia a la intimidad que es custodia de su interioridad. Ningún animal se cubre, sólo el ser humano porque posee intimidad, porque es un ser espiritual. El negar la intimidad humana, conduce a convertir el cuerpo en un algo y no reconoce al alguien.

Naturalmente se conoce la relación íntima entre la expresión externa de la sexualidad y la interioridad donde se custodia la libertad personal. No reconocer esta relación íntima nos presenta un sexo divorciado de quienes somos, vivido de forma reductivista, a nivel corpóreo.

D. Argumento basado en la identificación personal (5)

La identidad sexual no se adquiere en el vacío, no es algo que se lleve bajo el brazo, ni tampoco algo caído del cielo con lo que la persona se encuentra. No existe identidad personal sin identidad sexual. Y la interacción entre ambas es continua a lo largo de toda la vida. La sexualidad humana es dato imprescindible para que un ser humano sepa quién es él mismo, se identifique como hombre o como mujer. La identificación personal es básica para tener un mínimo de seguridad personal. La incertidumbre acerca de quién soy, es de las que más daña a la persona y le resta fuerza vital para proyectarse y establecer otras relaciones. Este conocimiento personal se apoya en el dato primario de la propia sexualidad, por lo tanto, la sexualidad humana es una dimensión fundamental para la definición humana.

El desarrollo de la sexualidad no sólo alcanza todos los niveles del ser humano, sino que crece con el desarrollo de la misma identidad del sujeto.(6) En todas las sociedades, tradicionalmente se reconoce la diferencia sexual como un elemento importante para el desarrollo de la misma sociedad, tanto en términos numéricos (cuántos sujetos adultos forman esa sociedad) como en términos de productividad. Los ritos tradicionales que marcan el paso de un niño o niña a la etapa adulta, como hombre o mujer, presuponen el haber alcanzado la madurez que le permite formar (procreación) y mantener una familia. Estos ritos van acompañados de ciertos signos, celebraciones o pruebas de madurez. Cambia la forma de vestir, el lugar de vivir, las ocupaciones y el trato que se le da a partir de ese momento. Esas tradiciones reconocen externamente lo importante que es el desarrollo sexual de un ser humano, para la misma sociedad y para ayudarles a crecer en su identificación y en las responsabilidades que asumirán de acuerdo con su sexualidad.(7)

E. Argumento de la relacionalidad

El ser humano necesita relacionarse con otros seres humanos. En todas sus relaciones tiene que tener en cuenta el dato fundamental de su propia sexualidad y de la sexualidad del otro. Sólo así pueden establecerse relaciones entre hombres y mujeres en muy diferentes grados y matices: esposos, amigos, padre-hija, madre-hija, jefe-empleada, etc. No se podrían establecer relaciones con “seres neutros”. Si la diferencia sexual no fuese esencial en la definición del ser humano, la relación con el otro se instauraría independientemente de ella.


 
 
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