¿A quienes educamos?

Nuestro Programa de Educación en la Sexualidad está dirigido a niños y jóvenes durante toda su vida escolar, desde Kinder hasta IVº medio, e involucra a los padres y profesores.

Este aspecto, que aparece tan obvio, merece más de una reflexión. En primer lugar no debemos olvidar nunca que educamos personas, seres humanos únicos e irrepetibles, llamados a amar y ser amados y que buscan fundamentalmente ser felices. Y que viven en una época y lugar determinados, no son simples datos o estadísticas, sino individuos con una historia particular, en un momento particular. Por esto el Programa desarrolla dinámicas no sólo colectivas, sino también individuales, en que se busca que cada uno haga propio los principios y valores que deberán regir su sexualidad.

Para educar personas debemos tratarlas y respetarlas como tal. Debemos tener clara conciencia de la especialísima dignidad de la Persona Humana y reflejar este respeto no sólo en todos y cada uno de los contenidos del programa, sino en la forma de aplicarlo y de evaluarlo.

Educar personas significa tener presente que estamos educando individuos de naturaleza racional, poseedores, por lo tanto, de libertad y de voluntad, capaces de manejar su afectividad y orientarla hacia el amor. Privar a los niños y jóvenes de la posibilidad real de elegir y de educar su voluntad y su capacidad de amar, es reducir el concepto de persona humana y empobrecer su vida futura.

Educar personas también implica tener clara conciencia de que tenemos que abarcar todos los aspectos constitutivos de la personalidad que se involucran en la sexualidad, y no sólo algunos, como lo biológico o lo afectivo, ya que todos estos elementos son inseparables entre sí y siempre se afectan unos a otros. Por mucho que queramos limitar los efectos de nuestros actos, estos siempre afectarán a todo mi ser personal y cualquier intento de disociar estos elementos resultará falso.